
Sentado en un vértice de horizonte veo espirar el día.
A través del frágil cristal brotan sensaciones, ruidos,
que al partir con su aureola me enfrasca en un suspiro mágico.
Por mas que pienso en este momento,
no llego a comprender tan rara belleza
Una estrella ya traspasa el velo del ocaso
con centelleantes espinas de luz, mientras,
un gorrión, callado e inquieto corretea
libremente por las largas antenas
De pronto el monótono tren, como asustado,
pasa silbante por sus largos brazos de acero,
la bruma invade mis sentidos acariciando el cielo
y suspiro de nuevo cerrando los ojos.

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